Un policía de hierro

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Menuda historia la de este compañero del CNP. Hay para escribir un libro.

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Un policía de hierro

Víctor Manuel posa en la Jefatura de la Policía Nacional de Granada con una camiseta de Grapol. :: IDEAL

Hay retos convertidos en una forma de vivir o vidas transformadas en retos permanentes. La de Víctor Manuel es un claro ejemplo. El pasado domingo 9 de junio cambió sus botas de policía nacional por unas zapatillas de deporte y se puso a correr, salió de Granada a las 8.30 horas y llegó a Motril pasadas las 15.30 horas. Siete horas trotando por el asfalto de la vieja carretera de Motril con el sol pegando fuerte. Corrió setenta kilómetros en siete horas y los últimos cuarenta en compañía de su sombra y de una pequeña botella de agua.

Este reto es uno más, porque a decir verdad este policía nacional se ha topado con un sinfín de situaciones complicadas tanto en su ejercicio profesional como en el personal. Cuando se encontraba de prácticas, aún no había sido nombrado funcionario policial se topó, fuera de servicio, con un duro caso en una piscina de El Ejido. Un menor de tres años llevaba en el fondo de una piscina tres o cuatro minutos, y de allí no lo rescataba nadie. La socorrista cayó desmayada. Sacó al menor del fondo y comenzó a efectuarle reanimación cardiorrespiratoria, así estuvo media hora sin que el pequeño reaccionara. Cuando llegaron los servicios sanitarios… el niño comenzó a reaccionar. Lo propusieron para una medalla al mérito policial, pero la petición se traspapeló en los despachos y finalmente aquella propuesta quedó en nada.

Siguió adelante en su ejercicio profesional, como si se tratara de la carrera recorrida el pasado domingo, al trote y sin mirar hacia atrás. Se volvió a topar con una situación complicada en su destino en Madrid. Le tocó de servicio el día del suceso de Leganés, cuando un comando de terroristas yihaidistas se inmoló en un piso de esta localidad del cinturón metropolitano de Madrid. «Murió un GEO de la Policía Nacional, una persona que era una referencia por su buen hacer y profesionalidad. Resultó muy duro», esgrime mientras frunce el entrecejo sin dejar de mirar a los ojos. Pocos años después le tocó vivir las consecuencias de la encarnizada lucha antiterrorista y vio como una bomba mató a un compañero suyo en Pamplona. «Fui uno de los que llevó al hombro el féretro y te aseguro que es de las cosas más duras vividas durante mi carrera profesional».

Un policía de hierro

El policía, durante la carrera a Motril. :: IDEAL

Kilómetro a kilómetro fue ganando su carrera. La que trazó desde Granada a Motril y lo que sigue recorriendo día a día en su trabajo donde tiene la gran suerte de vivir para contarlo, porque en más de una ocasión ha estado al borde del precipicio más cerca del más allá que del más acá, como tantos otros miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Uno de esos kilómetros de la agonía, lo vivió en Madrid. Acabó su servicio y a menos de un kilómetro de la residencia policial donde vivía, el ocupante de un vehículo bajó la ventanilla y lo llamó por su nombre: «¡Víctor, Víctor!». Él respondió por cortesía. El coche paró y de él descendió un varón. «Le pregunté quién era, sin dejar de hablarle, pero de repente vi cómo le cambió la cara. Echó la mano atrás para sacarse una pistola y reaccioné. Salió corriendo. A la semana siguiente, ETA mató a una persona a pocos metros de donde me ocurrió aquel suceso».

No se ha salvado tampoco de hacer servicios de escolta como policía nacional en el País Vasco a concejales de distintos colores políticos. Allí solo le quedaba tiempo para dormir, el resto del día era una sombra permanente de esos ediles que vivían amenazados por ETA bajo la sombra de una bala.

La carrera

Los setenta kilómetros recorridos por este policía sirvieron para promocionar la creación de un club deportivo de la Policía Nacional en Granada bautizado como Grapol. «Queremos tener un espacio donde los compañeros puedan practicar tenis, atletismo, fútbol, triatlón, defensa personal, pádel, baloncesto y ciclismo». Él es su presidente, a la vicepresidenta, también policía, la conoció en la persecución a pie contra un delincuente años atrás. Al final lograron atraparlo.

No ha sido la única carrera detrás de un quinqui por las calles de Granada. Una noche de servicio estaba apostado junto a un compañero suyo cerca del ‘callejón de la muerte’, en el Polígono de Cartuja. Habían visto un coche robado y esperaron para ver quién se montaba y saber si iba a ser utilizado para un atraco u otro hecho delictivo. Eran las cuatro de la madrugada y el agente se metió en la boca del lobo: un callejón sin luz, sin salida y con un perro ‘rottweiler’ detrás de este policía de hierro. Al delincuente, que resultó ser un atracador de estancos, lo alcanzó, y al perro, no se sabe bien, pero logró atemorizarlo consiguiendo que se marchara.

La única felicitación oficial que recibió fue por capturar a un peligroso delincuente en El Ejido, ‘el Juramuertos’. Llevaba meses en busca y captura, hasta que fue localizado en un escondite que tenía en una barriada marginal de este municipio almeriense. Hubo una pelea hasta que logró reducirlo y ponerle los grilletes. Ahora su próximo reto será correr la ‘Iron Man’ de Huelva el próximo mes de octubre: una triatlón de 180 kilómetros en bici, 42 de carrera y 3,8 más a nado. Una prueba para personas de hierro, hechas de una pasta especial.

http://www.ideal.es/granada/20130621/local/granada/policia-hierro-201306210218.html

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