LA REEDUCACIÓN Y REINSERCIÓN DE LOS RECLUSOS EXTRANJEROS

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Contenido extractado de la «Revista de Derecho Migratorio y Extranjería», núm. 31, 3/2012. Javier Nistal Burón.
Por reeducación ha de entenderse la oferta al sentenciado de los medios necesarios para transformarse en una persona capaz de respetar la ley penal, mediante la superación de los aspectos carenciales de su personalidad. Esto podía hacer referencia tanto a una modificación de la intención como de la capacidad del autor del hecho delictivo.

Las carencias de todo tipo —cultural, educativo, formativo, etc.— que padece una gran parte de la población reclusa, quizás de forma más acentuada la población reclusa extranjera, son paliadas de forma sustancial en el ámbito penitenciario con los medios a su disposición.

La reeducación se entendería así como la oferta de una opción para todos aquellos internos que lo demanden, independientemente de la condición de su nacionalidad.
La actuación penitenciaria con los reclusos extranjeros en este marco de la reeducación no difiere mucho del que se realiza con los españoles, pues tiene como horizonte el logro de la integración social de los mismos en España o en su propio país de origen, facilitándoles el ejercicio de sus derechos ante las dificultades específicas que pueden encontrar en nuestro país —desconocimiento del idioma, de la legislación, problemas de documentación, etc.—.

Por su parte, la reinserción puede ser concebida como la oferta al sentenciado de aquellas medidas que posibiliten —desde el momento mismo de un eventual internamiento— el mantenimiento de sus vínculos con la sociedad, de la que el reo continúa formando parte, minimizando en su caso al máximo los efectos desocializadores de ese eventual internamiento en prisión, a través de medidas tales como las comunicaciones con familiares, amigos y profesionales, las visitas, las salidas al exterior, el acceso a los medios de comunicación, etc. El sistema penitenciario español ha apostado por un modelo en el que se entiende, con toda lógica, que es necesario mantener, durante el tiempo penitenciario, la necesaria vinculación familiar y social que facilite la integración del individuo. En este sentido, el papel que deben desempeñar las Instituciones Penitenciarias consiste, prioritariamente, en evitar la ruptura con el medio social del que se proviene.

Este objetivo, si bien encomendado directamente a la Institución penitenciaria, requiere un esfuerzo mayor por parte de la sociedad en general que el que se demanda de la propia Institución penitenciaria. Un recluso no puede reinsertarse en un espacio —dentro de una prisión— que no va a ser su hábitat permanente, por ello cuando el destinatario del objetivo reinsertador es un recluso extranjero, este objetivo resocializador de la pena dista más aún del sujeto tipo para la que parece haber sido diseñado, que es el recluso español.

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