LAS DISTINTAS CLASES DE PERITAJES

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Contenido extractado de la «Revista de Derecho Penal»,

 [Virginia Pardo Iranzo; núm. 38 (1/2013)]

Desde hace algún un tiempo no resulta extraño escuchar el término «prueba científica» como si a los tradicionales medios de prueba la ciencia hubiera añadido uno más. Desde luego, y sin negar que la expresión puede resultar ilustrativa, lo cierto es que dista de ser precisa. No es necesario detenernos en que si medio de prueba es actividad, aquella por la que se incorpora una fuente al proceso, y si esa actividad está sujeta al principio de legalidad, los únicos medios existentes son los fijados de manera tasada en la ley. Ello no obsta, como no podía ser de otra forma, a que a través de ellos se dé cabida a cualquier fuente de prueba.

 

Partiendo de lo anterior la cuestión siguiente es la relativa al medio por el que el conocimiento científico ingresará en el proceso. Pues bien, la conocida como prueba científica encaja perfectamente en la prueba pericial. Basta una simple lectura de nuestros códigos procesales para llegar a esa conclusión: «cuando sean necesarios conocimientos científicos, artísticos, técnicos o prácticos para valorar hechos o circunstancias relevantes en el asunto o adquirir certeza sobre ellos, las partes podrán aportar al proceso el dictamen de peritos que posean los conocimientos correspondientes.» (art. 335 LEC). En sentido similar el art. 456 LECrim indica que «el juez acordará el informe pericial cuando, para conocer o apreciar algún hecho o circunstancia importante en el sumario, fuesen necesarios o convenientes conocimientos científicos o artísticos». Sin ánimo de adentrarnos en la delicada cuestión relativa a la naturaleza jurídica del perito y de su actividad, lo cierto es que es característico de la prueba pericial el que un experto —el perito— auxilie al juez aportando al proceso unos conocimientos científicos, técnicos o prácticos que el titular del órgano jurisdiccional no posee para que de esta manera éste pueda valorar las afirmaciones fácticas realizadas por las partes. Dicho de otro modo, nos encontramos ante un tercero procesal que posee una formación especializada y que incorpora voluntariamente dichos conocimientos al proceso, aplicándolos al objeto de la prueba.

 

Con todo, es necesario advertir que no todos los peritajes son iguales. Si nos fijamos en el artículo 335 LECrepararemos en que el conocimiento científico, técnico, artístico o práctico al que se refiere el precepto puede servir tanto para valorar hechos o circunstancias como para adquirir certeza sobre ellos. Parece entonces que habría que distinguir entre dos clases de informes periciales: los científicamente objetivos (o peritaje percipiente) y los de opinión (o peritaje deducente). Estos últimos se dan cuando debe valorarse un hecho o una circunstancia realizándose un verdadero juicio, por ejemplo, el informe psicológico de una persona. En este peritaje hay un alto grado de valoración de manera que es factible —incluso previsible— que pedido un mismo informe a dos psicólogos distintos el resultado —el informe pericial— solo en parte sea coincidente. En cambio, hay otro tipo de pericias en las que el grado de valoración es inferior. En el peritaje científico de lo que se trata es de adquirir certeza sobre unos determinados hechos a través de un experimento que estando bien realizado, se dice, solo debería dar lugar a un resultado. Por ejemplo, comparar el ADN de dos personas para establecer la filiación. Respecto de estos últimos se ha afirmado que el resultado solo puede ser uno y, en consecuencia, si llegaran a existir dictámenes contradictorios «en un proceso determinado debería concluirse, bien que uno de los peritos ha mentido, bien que uno de los peritos carece de la capacidad científica o técnica para verificar el hecho; y en uno y en otro caso no podría dejar de aclararse la cuestión en el mismo proceso, pues el juez no debería simplemente estar al dictamen aparentemente mejor elaborado».

 

Sobre esta afirmación —«el resultado solo puede ser uno»— y sus consecuencias tenemos ocasión de pronunciarnos más adelante aunque ahora interesa destacar dos cosas: por un lado, que la conocida como «prueba científica», incluidos los análisis sobre sustancias estupefacientes, pertenece a esta segunda clase —peritajes científicamente objetivos—, no siendo, por tanto, auténticos «documentos» (prueba documental). Por otro, que las afirmaciones que realizamos a lo largo del trabajo van referidas a aquellos informes periciales que son resultado de un experimento científico y no a aquellos otros que integran la categoría de los peritajes de opinión.

 

http://portaljuridico.lexnova.es/articulo/JURIDICO/193012/las-distintas-clases-de-peritajes

 

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