Formación a distancia, también en la seguridad vial. Rafael Olmos, experto en Seguridad Vial

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El universo telemático, la tecnología y las redes sociales permiten ampliar la capacidad formativa a un número cada vez más elevado de personas, lo que supone la gran posibilidad de formar a ciudadanos sin los inconvenientes de las distancias, de la movilidad, y también el acierto de poder llegar a personas que por dolencias físicas se encuentran impedidas para acceder al conocimiento, a la formación. Me refiero a la utilización de la formación a distancia, el denominado e-learning.
Sea cual sea la temática objeto de la formación, aunque en nuestro caso será la seguridad vial y la movilidad segura, será necesario seguir unas pautas metodológicas sin las cuales la enseñanza podría significar un fracaso y, lo que es peor, una desconfianza en el sistema que por efecto dominó puede influenciar a una parte importante de potencial de alumnos.
Así pues, planteemos un espacio virtual de formación en donde se deben interrelacionar los alumnos y los enseñantes en base a los principios de responsabilidad, respeto mutuo y las grandes dosis de confianza. Que tenga cabida la pertinente actualización de contenidos a partir de las novedades legislativas o formativas pero también las propuestas y sugerencias de los usuarios, profesores o alumnos. Que, además, incluya sucesivas evaluaciones -evaluación dinámica y continua-, no solamente para verificar los niveles alcanzados por los alumnos, sino también para establecer vínculos sólidos entre éstos y los profesores. Y aprovechando las redes sociales y, por supuesto, los entornos web de comunicación entre usuarios –los ya famosos foros,- que nos permiten confrontar, modificar, discutir en definitiva, sobre ideas, hábitos y valores.

La fase previa a cualquier proyecto formativo se inicia con la detección e identificación de las necesidades formativas, es decir, qué conocimientos se han de aprender, qué comportamientos se deben cambiar, qué valores hay que sedimentar y qué condiciones son necesarias para obtener un buen resultado.

Para ello, será imprescindible analizar previamente los objetivos a asumir en ese espacio virtual de formación y, evidentemente, analizar los contenidos que den respuesta precisamente a esos objetivos.

Una vez definidos objetivos generales y analizados los contenidos, deberemos definir los objetivos específicos a conseguir por cada uno de nosotros (objetivos específicos personales), los que deberá conseguir el grupo o aula virtual (objetivos específicos grupales), y aquellos que hacen referencia a la sociedad, es decir, a la realidad social en la que está la formación inmersa (objetivos específicos sociales).

El próximo estadio pasará por definir las competencias que se esperan asimilar de cada alumno y obtener a partir de la superación del ciclo o ciclos formativos.

Finalmente, deberemos comprobar la bondad de toda esa estructura en relación con el objetivo genérico a fin de que el diseño pedagógico sea coherente, riguroso y que responda a las necesidades de la persona, del grupo y de la sociedad.

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